La escuela primaria, base de la educación

Publicado en la revista red intelectual

El bajo nivel académico con el que egresan los alumnos del secundario es un tema de debate constante que toma preponderancia cuando los resultados de los exámenes de ingreso a las universidades son presentados ante la opinión pública. Año tras año se aviva una polémica que nos debe servir a los directores y a los docentes para replantear nuestra tarea.

La falta de preparación de los egresados, de la que en general se “culpa” al nivel secundario, tiene sus responsables no sólo en él sino también en la base misma de la educación: la escuela primaria. Es allí donde se deben sentar las bases del desarrollo intelectual de la persona.

En primer lugar, la escuela primaria debe tomar consciencia de la realidad del alumno que recibe. Es importante tener presente que los niños que ingresan a 1er. grado han estado expuestos a la pantalla de televisión aproximadamente 4000 horas. La cultura audiovisual influye en ellos de manera tal que las tareas escolares se tornan mucho más arduas para el alumno contemporáneo de lo que eran para los alumnos de otras épocas. Frente a los hábitos con los que ingresan los niños a la primaria, la escuela debe responder con estrategias más fuertes, con más actividades, con mayor tiempo destinado a tareas que antes podían ser enseñadas y aprendidas en menor tiempo. Pretender educar con las mismas estrategias a alumnos que crecen en culturas distintas es una profunda injusticia.

Por otro lado, la escuela primaria ha ido incorporando contenidos y, en la diversidad, ha ido perdiendo el foco. Lamentablemente los alumnos finalizan la primaria con serios problemas de lectura y comprensión de textos y el nivel secundario, al cual ingresan, da por supuesto que todo ello ha sido aprendido y afianzado. Si abrimos un libro de texto de E.G.B. podremos observar la complejidad y la abrumadora cantidad de temas que se pretende enseñar a los niños.

La cantidad de materias y la distribución de la carga horaria en la primaria (EGB) nos refleja la gran dispersión y la poca capacidad de focalizar que tenemos. A los objetivos históricos de la primaria se han ido agregando otros como una segunda lengua, computación, entre otros. La escuela, a medida que fue incorporando objetivos y contenidos, necesariamente, sin planteárselo fue relegando eficiencia a la hora de enseñar lo que venía enseñando.

Exigencia graduada, no degradada

La poca auto – exigencia o la poca capacidad de sostener un esfuerzo con el fin de alcanzar objetivos arduos es otro problema clave en la educación argentina actual. Nuestros alumnos están expuestos a un nivel de exigencia decreciente y no a un nivel en el que mayor edad significa mayor responsabilidad. La realidad nos muestra que a medida que los chicos crecen dan menos de sí en lo que a responsabilidad respecta.

Un alumno de primer año del secundario, en la actualidad, falta alrededor de diez días al año. Cuando llega a 5º año, el promedio de inasistencia asciende a más de veinte. Si de primero a cuarto año el promedio de repitencia de un curso es del 10%, es decir que en un curso de 30 alumnos en promedio repiten en un colegio privado 3 alumnos, en 5° año, si se pudiera repetir, lo haría el 40% de los estudiantes. El sólo hecho de saber que no se puede repetir provoca en nuestros alumnos una considerable baja en el rendimiento. En E.G.B. en la Capital Federal los chicos de 6 a 12 años cursan 180 días de clases, los de 13 a 17 cursan 167.

Mientras que la exigencia sea excesiva en los primeros años y vaya decayendo a medida que pasa el tiempo nuestros alumnos seguramente ingresarán al nivel universitario sin los hábitos necesarios para encarar lo que tiene de arduo dicho nivel.

Para que los diagnósticos no sigan empeorando es necesario que quienes trabajamos en la educación nos comprometamos a que eso no suceda. Si bien hay decisiones que exceden lo áulico o lo institucional, aquellas que dependen de maestros y directores deben tomarse con el fin de que la primaria vuelva a alcanzar los objetivos que históricamente tuvo: simplemente enseñar a leer y a escribir y a comprender lo que se lee y a manejar las operaciones matemáticas básicas.

La exigencia invertida, mucha exigencia en la base, provoca un problema que se acarrea durante toda la educación. Es posible generar cambios a corto y mediano plazo replanteando los objetivos y contenidos, no sólo del nivel secundario sino también del primario. Así como algunos autores sostienen que para que un adulto sea un adulto feliz, debió haber ser un niño feliz, podemos decir que para que un universitario sea exitoso debió haber sido un alumno primario y secundario que haya alcanzado los objetivos adecuados de dichos niveles.

Todas las evaluaciones de Calidad de la Educación realizadas por el Ministerio de Educación muestran un déficit en todos los niveles. Se debe tener en cuenta que dichas pruebas en general miden objetivos básicos, por lo que todos los alumnos evaluados deberían saber todo lo que se toma en ella. La realidad nos muestra lo contrario. En 2003 conocimos los resultados de dos evaluaciones internacionales que miden comprensión lectora. Los resultados de ambas nos ubicaron lejos de las posiciones en las que querríamos estar, y no por estar mejor rankeados, sino porque queremos estudiantes mejor formados.

En una de las evaluaciones mencionadas, (PIRLS), la Escuela Número 75 de Caleufú, un pueblo agrícola–ganadero de unos 2600 habitantes, ubicado a unos 160 kilómetros al norte de Santa Rosa, La Pampa, obtuvo destacados resultados, superando la media nacional y ubicándose a la altura de alumnos de Israel y Noruega. Tuve la oportunidad de conversar telefónicamente con la directora del establecimiento, Vilma Celada de Delú. Mi inquietud pasaba por saber qué técnicas novedosas implementaban allí. La respuesta fue simple: “les enseñamos a leer”. Ese colegio tenía el foco puesto en ello y, quizás por carecer de medio económicos, no tenía ni clases de Informática, ni de Inglés ni de nada que pudiera “distraerlos” de sus objetivos básicos.

Está claro cuál es el desafío, adaptarnos a la realidad de las nuevas generaciones, brindar a los alumnos las herramientas básicas para desempeñarse en la sociedad en la que se van a desenvolver, eso sí, sin privarlos de la adquisición de conocimientos elementales sin los cuales todo lo que se añada de poco servirá.

 

 

 

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