La ley nacional de educación, necesaria e insuficiente

Publicado en el periódico la gente en 2006

El pasado 22 de mayo fue publicado el Decreto mediante el cual se convoca al conjunto de los actores del sistema educativo para la elaboración de un proyecto de Ley Nacional de Educación. Se buscará de esta manera dar por finalizada la existencia de la Ley 24.195, Ley Federal de Educación, que a pesar de su nombre nunca fue implementada en su totalidad en todas las jurisdicciones del país. Si bien es necesario contar con un marco legal de calidad, que favorezca la movilidad social, funcional a las necesidades del país, serio y coherente, responsabilizar únicamente a la Ley Federal de Educación por el estado de la educación actual, sería incurrir en un grave error.
Podemos reemplazar la ley, pero si el cambio no comienza por los docentes que están en contacto con los alumnos, difícilmente mejoremos la calidad educativa.
Podemos cambiar la ley, pero si los directores de escuela no tienen la posibilidad de gestionar su institución con autonomía, de elegir a sus docentes, de otorgar premios y castigos y de diseñar con creatividad las políticas institucionales necesarias para llevar adelante una escuela de calidad, difícilmente mejore la excelencia académica.
Podemos cambiar la ley, pero si no se modifica la política de retención y asistencialismo que se encuentra instalada en el sistema, difícilmente logremos una educación de calidad.
Podemos cambiar la ley pero mientras los índices de pobreza e indigencia sean tan altos, la equidad educativa quedará en el plano de las ideas. Está comprobado que un déficit alimentario en los primeros años de vida imposibilita el pleno desarrollo intelectual de una persona. Un niño que vive en condiciones de hacinamiento difícilmente pueda ser un buen alumno. Un adolescente que tiene la necesidad de salir a hacer changas para colaborar con el sostenimiento de su familia probablemente no pueda sostener su escolaridad.
Podemos extender la obligatoriedad al nivel secundario, pero la experiencia nos muestra que cuando están dadas las condiciones socioeconómicas, la familia intenta que sus hijos estudien más. Debemos pues, crear condiciones sociales para que se valore y se pueda acceder a la educación más allá de lo que la ley exija.
Podemos cambiar la ley pero si el Estatuto Docente sigue utilizándose en forma abusiva, la calidad de la educación se verá directamente afectada.
Mientras que los docentes no gocen de un salario justo, la calidad de la educación quedará en una buena intención. No podemos tener educación de calidad sin salarios docentes de calidad.
Mientras que el sindicalismo docente haga sus reclamos atentando contra la educación, pobres serán los resultados educativos.
Una buena ley es condición necesaria pero no suficiente para el éxito de la educación de un país. La búsqueda de la calidad y la equidad educativas planteadas por Juan José Llach en su última obra, y con seguridad objetivos centrales de la futura ley de educación, no pueden ser responsabilidad exclusiva de la institución escolar. La política educativa debe empapar a todos los sectores de la vida social y no limitarse al sistema educativo formal. Los profesorados, los magisterios, los supervisores, los directivos, los maestros y profesores deben contar con el apoyo de la familia, los medios de comunicación, los empresarios y comerciantes responsables de la diversión de los adolescentes, la sociedad en general y su clase política. Sólo así podremos llevar adelante una nueva gesta educativa.

 

 

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